6.27.2026

Me dueles Venezuela

Se siente injusto disfrutar cuando otros sufren. Me da pavor imaginar una situación similar en mi ciudad. Este pueblito polvoriento y caluroso se asienta en un área donde convergen varias fallas geológicas, que básicamente son una prolongación de la falla de San Andrés.

Yo le tengo un cariño especial a Venezuela que no recordaba. Cuando vivía con mi tía, solía ver telenovelas venezolanas. También había un programa de comedia llamado Bienvenidos y otro, La guerra de los sexos. Por el momento, el único nombre que recuerdo de las novelas es El país de las mujeres. Me encantaba el acento y el calorcito cultural que se transmitía por la pantalla. Eran famosos por sus concursos de belleza y hasta ubicaba algunos nombres como Isla Margarita y Guárico.

Estoy enojada, muy molesta con Dios y con su ejército. Yo había trabajado en eliminar la creencia de que Dios es cruel, pero con este tipo de cosas, como los terremotos en Venezuela o las guerras, cuando gente inocente pasa por situaciones que les crean traumas para siempre... me vuelvo a preguntar: ¿por qué?

Si asumimos que toda esta gente está pagando o limpiando su Karma, de esta vida o de otras vidas, me parece extremadamente exagerada la cuenta por pagar.

Si a veces ya está dictada la manera en la que vamos a morir, ¿por qué unas muertes son tan crueles, dolorosas y tan lentas que parecen una tortura? 

A mí no me da miedo lo que hay después de la muerte; me da miedo cómo será ese proceso.  He escuchado testimonios de gente que recuerda sus vidas pasadas mediante la hipnosis. Por ejemplo, una persona contó cómo, en una de sus vidas pasadas, murió quemada cuando era niña en su propia casa. Dijo que su muerte fue muy rápida y que no sintió dolor. Sin embargo, hay otras personas que, al momento de la regresión, sufren porque sienten el dolor de cómo ocurrió su muerte y terminan por interrumpir la hipnosis.

Honestamente, si me dieran a escoger, pediría no regresar a la Tierra. No me gusta esta experiencia mundana; me parece muy difícil. Sí, hay momentos bonitos y se disfrutan, pero también se siente dolor y yo no tolero el dolor. Y para colmo, las cosas que nos gusta hacer nos hacen daño o son "pecado", que luego dicen que se castiga y se arrastra a otras vidas.

En este momento de mi vida, creo que vivir es una cárcel, un juego malvado en el que debes ser perfecto ante los ojos de Dios o, de lo contrario, regresarás a repetir experiencias hasta que aprendas la *uta lección.

Oficina Celestial, déjenme decirles que ustedes también se equivocan y están muy burocráticos. Mejoren sus procesos, que ya son arcaicos. A ver, ¿por qué no crean un mundo bonito, donde toda la gente sea buena y viva en armonía? ¿Qué necesidad hay de hacer sufrir a tantas almas?

No entiendo la necesidad del dolor, la enfermedad, la tragedia o la vejez. A mí no me parece que esta sea una creación perfecta; tiene muchas deficiencias. Yo ya no quiero regresar a una vida más. Por eso espero que ese concepto New Age, de que todas nuestras vidas existen al mismo tiempo y no hay un antes ni un después, sea real.

No recuerdo haber tenido tantos desencuentros con Dios; este debe ser el tercero. El primero fue cuando era muy chiquita, tendría como siete años. Creo que por eso lo recuerdo tan bien. Fue muy impactante para mí llorar de coraje y quebrar el cristal de un cuadro con la imagen de Jesús; le aventé mi cepillo azul de Avon con todas mis fuerzas. Recuerdo que me enojaba tanto con él porque no me rescataba cuando la pasaba mal.

Él (Spirit, Jesús, Dios, como le llamen) sigue en mi vida y me acompaña, pero quisiera saber muchas cosas que no entiendo. Me frustra ver que hay tantas injusticias en el mundo, ¿Dónde está la coherencia? Quiero platicar con él sin tener que pasar por un NDE 😄, porque luego las recuperaciones en los hospitales cuestan muchísimo.

Obviamente no soy perfecta y cometo muchos errores. En la mayoría de las ocasiones, mis actos tampoco son buenos, y eso también me mortifica.

Me da mucha ansiedad vivir. Yo solo quiero dormir y dejar de repensarlo todo, estoy muy cansada y triste.

6.22.2026

Sueños freakies and vibrating souls

Creo que por aquí no he compartido mucho sobre mis intereses espirituales. No es porque no quiera, al contrario, pero son de esos posts que empiezo y nunca termino. Hoy les voy a contar un poquito de mi sueño de anoche… y un muchito de mi relación creciente con un personajazo: el Arcángel Miguel.

Hasta donde recuerdo, mi sueño comenzaba en un pasillo muy iluminado. Era de noche, pero había luces blancas por doquier. Las paredes eran blancas, los muebles también… incluso yo vestía de blanco, igual que todas las personas alrededor. Me llamó mucho la atención porque no era común.

Iba caminando y platicando con alguien que no logro recordar, hasta que entramos a una habitación muy amplia donde había unas diez personas más. Nos estábamos preparando para dormir. Sabía que eran camas, pero parecían sillones modernos, planos, con formas entre triángulos y óvalos. No había cobijas ni almohadas, solo un poquito de colchón para hacerlos cómodos.

Aunque en el sueño sabía que mi hija y Remi estaban ahí, terminé compartiendo uno de esos sillones raros con otra mujer que no recuerdo quien era.

Todo iba normal… hasta que dejó de serlo.

Dentro del sueño, sabía que estaba dormida. Y entonces empecé a sentir algo extraño en el cuerpo: una vibración intensa, como cuando te da un toque eléctrico y brincas, pero sin dolor. Solo que cada vez era más fuerte, más invasiva, no era como una convulsión, era algo que no había experimentado antes.   La sensación dejó de causarme emoción por la novedad  y se volvió terror, cuando pensé que tal vez mi alma se estaba desprendiendo o algo se apoderaría de mí.

Como ya sabía que estaba dormida e incapaz de moverme, hice lo que siempre me rescata y lo invoqué: "Arcángel Miguel, Arcángel Miguel, Arcángel Miguel" y llegó.

La vibración empezó a bajar. Pasé del terror a una tranquilidad muy clara, muy segura. Esa sensación… era como flotar en la alberca, completamente relajada.

Después “desperté” dentro del mismo sueño. Me cambié de cama y me acosté al lado de Remi porque me dio miedito.

Cuando volví a quedarme dormida, otra vez la vibración pero esta vez éramos los dos. Más fuerte, más intensa y luminosa. Ahí voy otra vez a llamar a Miguel… pero ahora fue más difícil. Mientras pasaba, pensaba en mi hija. Me preguntaba si ella también estaría sintiendo eso. Y percibí la respuesta muy clara: no, ella estaba bien.

La vibración paró… pero esta vez la presencia se sentía distinta. Miguel estaba ahí, pero más serio. Más firme. Incluso… un poco regañón. Y tuve la sensación de que no era solo su energía. Había algo más. Algo más potente y no tan reconfortante.

Entonces escuché un mensaje. No como una voz externa, sino como si me lo pusieran directamente en la mente:“¿Estás segura de que quieres despertar tus dones espirituales?” Como si me estuvieran advirtiendo que eso es lo que viene si sigo insistiendo. Yo rapidamente respondí: “No. No quiero”

Ahí desperté, ahora si en la vida real,  sudando y asustada. Todo se sentía demasiado real. Y me quedé con esa sensación rara… Me toqué la frente y no tenía fiebre, me pregunté si tal vez me había dado un ataque epiléptico, pero mi lengua estaba perfecta,  pregunté si me había movido mucho en la noche y tampoco.  Obviamente se que fue un sueño, pero este mundo nocturno se convierte en ocasiones en un canal en el que conectas con cosas que a veces no necesariamente buscas. 

Me intrigó esa segunda energía que no conocía que llegó también a socorrerme.  No era algo negativo, pero sí era más tajante, más fuerte, no venía en rollo de "super heroe" para ser admirado.  Como si me hubiera dicho: ¿Me estás llamando para esto… cuando hay cosas mucho más grandes en juego? Hasta podría decir que se sintió como Metatrón. No quiero decir que Miguel si venga en ese plan de Hércules, es más bien, lo que yo siento por él cada vez que me rescata. Me vuelvo la más groupie y fan, cuasi-enamorada.

Para dar contexto, todo empezó cuando comencé con el aprendizaje del óraculo angelical y las meditaciones. Una vez hicimos un ejercicio muy bonito, fue una meditación guiada e invocación a diferentes arcángeles, el objetivo de ese ejercicio era identificar que sentíamos cuando se nombraba a cada uno de ellos. Esa vez éramos como 25 personas en Zoom y al final contamos nuestras experiencias. Algunas personas se quedaron dormidas, otras no sintieron nada, pero algunas si coincidimos. Cuando mencionaron a Miguel, se me empezaron a salir las lágrimas de un amor indescriptible, y agradecimiento, sentí un apapacho tan grande, me sentí muy protegida y amada.  y la siguiente energía con la que conecté fue Metatron, que esto si fue "muy freaky tia", que es como si un jefe al que respetas mucho, se posara frente a ti, de esos que hasta te intimidan. Yo sentí que mi cabeza se inclinó, como si me hubieran hecho hacer reverencia, y otras 2 concidieron con eso (Aclaro que yo fui la última en participar, o sea, no es algo que yo dije primero y luego me copiaron).   Las otras energías no las pude percibir, aún, era muy sútiles o tal vez necesitaba más práctica para ellos. 

La cosa es que desde entonces me acerqué mucho al Arc. Miguel y le pido protección, y desde hace más de un año, cuando me siento en peligro o tengo pesadillas, siempre lo llamo.

En fin, lo curioso es que me respondieron una pregunta con otra pregunta y me di cuenta que no estoy lista o tal vez nunca lo estaré, al menos no en esta vida porque soy una gallina.



6.19.2026

Travesuras Godinezcas

At work, I own two Google Spreadsheets, and you can probably tell already that I’m a creature of habit with a slight control streak. Someone (or a few repeat offenders) keeps nudging the text in my cells to the left, and I absolutely prefer them centered. Centered just looks better... Tidy cells, easy to scan on a small screen, no annoying side-to-side scrolling. But no, they keep messing with it. So I made a little “macro” or script that brings everything right back to its beautiful center by the minute. 

Muajajaja (Risa malvada mexicana)
Naughty Girl



6.15.2026

Por el Sánchez-Pizjuán

Eran mis últimos días en la ciudad y, inconscientemente, comenzaba a despedirme de las calles y de mis amigos. Venía del piso de mis amigos mexicanos,por la calle Juan de Juanes. Caminé hasta Eduardo Dato, hacia una de las estaciones de Sevici, y comencé mi camino de regreso a “casa” (mi piso).

Un par de cuadras más adelante, justo frente al Sánchez-Pizjuán, vi a una persona conocida: el guapísimo alemán, Sylvester Bubel. Él era roomie de los mexicanos y de las austriacas que vivían justo de donde yo venía. Detuve la bici; sabía que esa sería la última vez que lo vería.

Fue una sensación extraña. Le di un abrazo y nos deseamos suerte en nuestras vidas. El cruzó la calle y yo comencé a pedelear.

Años después, siempre me pregunté qué fue de él. Recuerdo que hablaba como cinco idiomas y que decía que algún día sería presidente de Alemania. Así que me di a la tarea de stalkearlo y, por fin, encontré algo de él. Y sí, parece que sigue siendo muy inteligente.

Pero más allá de lo que haya logrado o no, lo que realmente se quedó conmigo fue ese momento: ese instante sencillo, frente al estadio, en el que sin saberlo nos estábamos despidiendo para siempre. Porque al final, hay momentos que no parecen importantes, pero con el tiempo entiendes que eran parte de algo mucho más grande: una etapa, un grupo, una versión de ti que ya no vuelve.