Era invierno, lo supe porque me veía con el uniforme azul marino de pants y chamarra. Estaba en el salón de clases de la secundaria, con el cuaderno en las manos dirigiéndome a mi lugar. Yo (Gaby real de 27 años) estaba como espectadora, como si yo y otras personas entráramos al salón a presenciar como se daba la clase. De pronto me vi ahí, 13 años más joven, ahí estaba yo, realmente me veía pequeña, dulce e inocente, con el cabello recogido, siempre el partido a la mitad y con un listón morado en el cabello. Me sorprendí de verme, pero más me sorprendí por atrapar la atención de esa Gaby adolescente, quien volteó y me miró a los ojos con naturalidad; vi una sonrisa sincera y honesta. Ella sabía que estaba viéndose a sí misma y sonreía... no sé que habrá pensado de mí, de nosotras... de su futuro. ¿Estará orgullosa, arrepentida?
Yo me conmocioné más que Gaby adolescente, de ver esa mirada de optimismo, fuerza y transparencia, de tantos sueños por cumplir. Esa Gaby me veía como cuando encuentras a alguien que has dejado de ver por mucho tiempo, alguien a quien quisiste tanto y le tienes un cariño inolvidable.
Quiero cumplir con los sueños de esa joven mujer, los que olvidé y los que me hizo recordar.
Pequeña yo, te quiero y te enorgulleceré.